Oración por la paz Juan Pablo II
Oh, Dios, Creador del universo, que extiendes tu preocupación paternal sobre cada criatura y que guías los eventos de la historia a la meta de la salvación; reconocemos tu amor paternal que a pesar de la resistencia de la humanidad y, en un mundo dividido por la disputa y la discordia, Tú nos haces preparar para la reconciliación. Renueva en nosotros las maravillas de tu misericordia; envía tu Espíritu sobre nosotros, para que él pueda obrar en la intimidad de nuestros corazones; para que los enemigos puedan empezar a dialogar; para que los adversarios puedan estrecharse las manos; y para que las personas puedan encontrar entre sí la armonía. Para que todos puedan comprometerse en la búsqueda sincera por la verdadera paz; para que se eliminen todas las disputas, para que la caridad supere el odio, para que el perdón venza el deseo de venganza

ELIGIENDO CRUCES
Este cuento relata la historia de un hombre que hacía ya unos años había abandonado a su familia y a sus amigos. Cierto día de fea llovizna, amargado y cansado, llegó nuestro amigo a la estación de ferrocarril, donde consiguió un permiso para pasar la noche. Comió un poco de estofado que le dio el sereno de la estación, y reconfortado preparó su cama: un trozo de plástico negro como colchón que evitaba la humedad. Se tapó con unas bolsas, se hizo la señal de la cruz y rezó el Padrenuestro, tal como se lo enseñara su madre. Tal vez fue el recuerdo de su madre el que lo hizo pensar en Dios, y como no tenía otro a quien quejarse, se las agarró con el Todopoderoso reprochándole su mala suerte. A él tenían que tocarle todas, parecía que el mismo Dios se las había agarrado con él haciéndolo cargar con todas las cruces del mundo. Y con estos pensamientos se quedó dormido. En un sueño, Dios le dijo: vea amigo, estoy cansado de que los hombres se me anden quejando siempre, parece que nadie está conforme con lo que yo le he destinado, así que desde ahora dejo que cada uno elija la cruz que quiera llevar, pero que después no me vengan con quejas, la que agarren la van a tener que llevar sin protesta. Acabo de recorrer el mundo quitando todas las cruces, y ya que está usted acá va a ser el primero en tener la oportunidad de elegir. El hombre quedó sorprendido al ver que el galpón estaba lleno de cruces, de todos los tamaños, pesos y formas. Miró primero para el lado que estaban las más chiquitas, pero le dio vergüenza pedir una tan chiquita, Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó enseguida porque se dio cuenta que no le daba el hombro para tanto. Fue entonces y se decidió por un tamaño medio, ni muy grande ni tan chica. Pero resulta que entre estas había unas muy pesadas y otras livianitas de cartón. Le dio no sé que agarrar una de juguete y tuvo miedo de no poder cargar una de las pesadas. Se quedó con una de peso regular. Pero todavía faltaba tomar otra decisión porque no todas las cruces tenían la misma terminación. Había lisitas y parejas, que se acomodaban perfectamente al hombro y había otras llenas de rugosidades y nudos que al menor movimiento podían sacar heridas. Se decidió por fin y, tomando una de las medianas en tamaño, la que era regular de peso y tamaño, se dirigió a Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz. Dios lo miró a los ojos, y le preguntó si estaba seguro de su elección, que lo pensara bien para luego no arrepentirse y venir otra vez con quejas. Pero el hombre se afirmó en lo hecho y garantizó que lo había pensado muy bien, que aquella cruz ere justa para él. Dios, casi riéndose le dijo: esa cruz que usted eligió es la que ha venido llevando hasta el presente. Así que de ahora en adelante cargue su cruz y sígame, y déjese de protestas que yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para llegar bien a mi casa.

Jesús, enséñame a ser como tu
Jesús,
tú has sido y eres
el mejor amigo de los niños.
Tú confías en nosotros,
nos das a conocer la grandeza de tu Reino y nos enseñas a llamar Padre a Dios.
 Señor, ayúdame a sentir
el amor de Dios Padre
que Tú mostraste al mundo.
Enséñame a ser como Tú,
misionero de la paz, del perdón, de la fraternidad y del amor. Amén.

¡Bendice nuestro amor!
Bendice nuestro amor, Dios de la vida. Bendice nuestro amor, fruto de la entrega y la donación. Hemos recorrido un largo camino, lleno de alegrías y tristezas, de encuentros y desencuentros, de luces y de sombras. Y aquí estamos, junto a Ti, ofreciéndote la vida y dando gracias por tu amor. Tu presencia a nuestro lado nos enseñó a descubrir lo mejor del otro, nos mostró el camino del perdón y la paciencia, nos abrió las puertas de la entrega y la comunión. Fecundaste nuestra unión con alegría cotidiana. Sembraste la concordia, el abrazo y la caricia. ¡Sí que has hecho maravillas, Señor! Y por eso, unidos ante Ti, decimos con gozo y esperanza: Gracias por la vida. Gracias por nuestra unión. Nuevamente nos ponemos en tus manos, ¡Bendice nuestro amor, Señor! - Que así sea -


Credo de un joven
Creo en Dios, El es quien creó todo lo que existe. Creo que es mi Padre, que me ama incondicionalmente, que está en mi corazón y en todas partes. Creo que me dio la vida, que me conoce y sabe todo lo que me pasa, que está triste y ríe conmigo. Creo que El me ayuda, me enseña, me guía y me abraza. Creo que Dios es Luz, Paz, Amor y Verdad. Creo en Jesús, que dio su vida por mi para que pueda conocer el perdón y la salvación. El es quien me muestra el camino de la felicidad. Creo en el Espíritu Santo, que me cuida y está conmigo en todo momento. Creo en la fuerza inmensa que día a día me da. Creo que la Biblia es la Palabra de Dios y que nos trae un mensaje de amor y fe.


La oración hace descender Mi paz sobre tí. Te levanta el ánimo. La oración sana, reaviva, regenera, edifica, es humildad, es Mi amor.
Orar es lo máximo que puedes hacer.

Cuenta conmigo Soy...
Jesús Amigo

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